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Vivir en un hogar saludable

Cuando pensamos en falta de salud, es habitual buscar las causas en virus o bacterias, déficit de nutrientes o sensibilidades, pero la influencia de las emociones, el estilo de vida y los factores ambientales -sobre todo en el hogar y la oficina- son todavía los grandes olvidados.


Somos seres en intercambio constante con el entorno y hoy pasamos aproximadamente el 90% de nuestras vidas dentro de espacios interiores, en nuestros propios hogares un 60% y en el dormitorio un 30%.


A menudo se habla de la contaminación del aire exterior de las ciudades, pero el aire interior es la suma del exterior y los contaminantes propios del interior de las viviendas: disruptores endocrinos en productos de limpieza e higiene, sobrecrecimientos de hongos, ácaros y bacterias por exceso de humedad, niveles bajos de oxígeno por falta de ventilación, compuestos orgánicos volátiles que emanan las pinturas y materiales sintéticos, monóxido de carbono de algunas combustiones, gas radón proveniente del terreno, metales pesados a menudo presentes en agua potable… y no olvidemos la importancia que tiene todo lo que nos ponemos (y absorbemos) a través de la piel como son cosméticos e incluso subproductos de la ropa.


La sociedad capitalista, enfocada en el sobreconsumo junto a la industria petroquímica, han propiciado la aparición de un sinfín de nuevos compuestos químicos presentes en aditivos y productos sintéticos de todo tipo, que sólo después de muchos años de utilización, llegamos a conocer los efectos secundarios que pueden causar en la salud del medio ambiente, incluyendo a las personas, como es el caso de los bisfenoles, los perfluorados PFAS/PFOA, el DDT, el amianto (Uralita), el formaldehído…


Todo ello ha llevado a la aparción o aumento de ciertas enfermedades: problemas respiratorios como el asma, malformaciones congénitas, obesidad, alergias, enfermedades neurodegenerativas como el Parkinson y Alzheimer, problemas hormonales, problemas reproductivos, insomnio e incluso cáncer. Los niños expuestos a tóxicos durante su desarrollo pueden tener un mayor riesgo de desarrollar problemas de salud a corto-medio y largo plazo.



Recomendaciones básicas para un hogar saludable:

1. Ventilación adecuada: al menos 15 minutos en 2 ocasiones (mañana y noche)


2. Utiliza productos de limpieza y cosmética naturales o busca cosméticos y productos de cuidado personal libres de sustancias químicas nocivas como parabenos, ftalatos y sulfatos.


3. Alimentos de proximidad, orgánicos y sin pesticidas: Prioriza alimentos de temporada, de proximidad y de cultivo ecológico. Evita el plástico en la cocina: tuppers, utensilios de cocina, botellas de agua…


4. Minimiza la exposición a las Radiaciones Electromagnéticas especialmente durante las horas de descanso: móvil en modo avión, desconecta el WiFi y dispositivos inalámbricos sobre todo si están dentro de dormitorios...


IMPORTANTE: Se venden muchos objetos supuestamente protectores, que a menudo no tienen efectividad. Si tienes una antena de telefonía cercana, ponte en manos de un profesional capaz de medir estas radiaciones y comprobar la solución.


5. Evita el uso de pantallas las horas previas por la noche. La luz azul presente en éstas puede hacer creer a tu cerebro que es de día reduciendo la producción de melatonina.




Texto: ArquiNatura en colaboración con dra. Amor Minayo Martín

Artículo completo publicado en revista Viure en Familia, mayo 2024


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